Volar alto, caer… y volver a mirar
La película juega con la ventaja de una buena historia y eso ya es un punto ganado. El relato es tan extremo que no necesita demasiados adornos. Más allá del drama, el biopic o el homenaje, también hay una reflexión sobre la conciencia de los propios actos y la libertad de elección: la historia real de un grupo de amigos decide vivir al filo del abismo y asumir que, tarde o temprano, la gravedad pasa factura.
Cuando el filme se limita a mirar, a acompañar y a dejar que el viento y el silencio hagan su trabajo, funciona muy bien. El problema es que no siempre se fía de eso. A ratos parece empeñada en recordarnos constantemente lo intensísima y trascendente que es la experiencia, estirando y estirando emociones y escenas que quizá pedían un poco más de contención. Las secuencias de vuelo impresionan, pero el conjunto gana menos cuando la épica se subraya tanto...y, realmente, creo que tampoco la película lo necesita.
Miguel Ángel Silvestre, Miguel Bernardeau, Carlos Cuevas, Candela González, José Manuel Poga… sostienen la historia y hacen lo que toca: lo que de verdad manda es el grupo y, claro, La fiera. La película sabe ser inmersiva cuando lo necesita y está muy bien realizada, con una factura técnica impecable. Es cuando todo se vuelve más adrenalina y menos discurso donde el filme gana potencia. Y al final te deja en un punto entre la resaca y la reflexión.
La fiera se ve con interés y sin cinismo. No idealiza del todo ni cae en el morbo, transmite bien la camaradería y esa mezcla de pasión y temeridad que define a sus protagonistas... y lo hace desde el respeto y la empatía. Tampoco cae en el sensacionalismo o el reality, ni conmueve tanto como pretende, pero deja una sensación honesta al terminar. Y no es poco. Incluso diría que es más que suficiente. Si entras sin expectativas y te dejas llevar es disfrutable... y algo más también, aunque la vida no tenga rewind.



Comentaris
Publica un comentari a l'entrada