Star Trek en 2026: Entre el Kobayashi Maru y las Tierras Baldías


Como trekkie que viene de TNG y DS9, ha disfrutado con TOS, VOY, ENT... adora Lower Decks y me he divertido con PIC, DIS y hasta con la Sección 31, este 2026 me está dejando un sabor de boca extraño. Si a finales de 2024 todavía me creía aquello del "renacimiento", hoy toca bajar a tierra. El panorama actual es una mezcla de nostalgia mal aprovechada y una preocupante falta de rumbo narrativo.

El tropiezo de la Academia: ¿Federación o instituto?

No me andaré con rodeos: la cancelación de Starfleet Academy se veía venir a años luz. El problema nunca fue la diversidad o el "wokismo" —que, no nos engañemos, es el ADN de Roddenberry desde el 66—, sino que nos han querido vender un drama de instituto bajo el sello de la Flota. Situar la serie en el 3180 era el escenario perfecto para reconstruir la Federación desde sus cenizas, pero en vez de eso, nos han dado un masaje de hormonas, "brilli-brilli" digital y vómitos de purpurina.

A pesar de que Holly Hunter está inmensa como la canciller Ake y que volver a ver al Doctor de Robert Picardo fue un regalo, la serie no se aguanta por sí sola. Se ha pasado más tiempo resolviendo dramas adolescentes que explorando dilemas éticos. Tres episodios buenos de diez es un balance muy pobre para cualquier trekkie con un mínimo de exigencia. Al final, SFA ha tenido que tirar de cameos y nostalgia para tapar sus carencias, demostrando que le faltaba alma y le sobraba pose adolescente.

Strange New Worlds: El último clavo ardiendo

Lo único que nos mantiene con el pulso estable es Strange New Worlds. Este verano cerramos la cuarta temporada, después toca temporada final y, sinceramente, es lo único que se siente como Star Trek con cara y ojos. Pike y su tripulación han entendido lo que a Kurtzman le está costando y Abrams directamente destrozó: que se puede innovar sin cargarse el lore. Pero claro, con el final de la serie ya asomando en 2027, el vacío que deja es inmenso. Da miedo pensar qué vendrá después si no hay ningún proyecto sólido en el horizonte.

'Year One' y la sombra de Abrams

Ahora todas las miradas están en 'Star Trek: Year One'. La gran duda es si volveremos a la exploración filosófica que nos hizo soñar o si caeremos otra vez en la trampa de la línea Kelvin. Aquella etapa de J.J. Abrams, centrada en las explosiones y el músculo vacío, dejó una herencia de superficialidad de la que todavía nos cuesta escapar. El riesgo de que se priorice el espectáculo visual sobre el debate humano es, a día de hoy, la mayor amenaza para la franquicia.

¿Kobayashi Maru o seguimos adelante?

Estamos en un escenario de no-victoria. Con la Academia cerrada y sin nuevas series en producción, la sensación es de fin de ciclo. Ya no nos valen los guiños fáciles al Pabellón Kirk o los cameos de relleno; necesitamos historias que nos pinchen, que nos hagan pensar y que conecten el legado de TOS, TNG, DS9, VOY, ENT... y toda esa maravillosa sopa de siglas que hemos inventado.

Si las hormonas adolescentes de SFA nos han impedido ver las estrellas, no pasa nada y al menos se agradece el esfuerzo... pero ¿va siendo hora de que alguien en Paramount tome el mando y corrija la trayectoria? A veces hay que tener cuidado con lo que se desea. El viaje no ha terminado, pero ahora mismo navegamos por inercia, y eso, para un trekkie de la vieja escuela, es lo más peligroso que nos puede pasar.

El futuro de la saga genera una incertidumbre que va mucho más allá de los guiones. En los foros y redes ya se habla abiertamente de una 'ocupación ekosiana' (TOS 2x21) de la franquicia, ahora que los Ellison —fanáticos del movimiento MAGA— son los dueños de la marca Star Trek. La referencia es tan amarga como precisa: en aquel episodio, la supuesta eficiencia de un sistema autoritario terminaba devorando los valores humanistas de la Federación. 

El miedo real es que la saga pierda definitivamente su brújula moral y se convierta en un producto diseñado bajo una óptica que Gene Roddenberry habría detectado —y rechazado— con un simple escaneo de intrusos. Al dilitio de la vieja guardia le queda poco, y lo que viene ahora parece moverse con una energía muy distinta.

Larga vida y prosperidad (mientras el canon aguante).

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