The Last of Us sin joystick T2 (si el algoritmo ya tal...)

 * Pulsa START y acepta que esto NO es el juego. Si la ves con el joystick en mano, vas directo a la frustración (avisado quedas). 

Adaptar es arriesgar

Adaptar un juegazo como TLOU no era poca broma: una historia ya contada con alma, violencia y filo. En la primera temporada lo clavaron. Lo duro venía después: mantener el nivel y atreverse a mover ficha con The Last of Us Part II. La season 2 lo intenta, arriesga, tambalea... evoluciona, toma sus propias rutas y encuentra su latido… a ratos y a medias.

La fidelidad al original se puede volver una jaula; desviarse, peor. Pero ahí está el pulso: no juega a lo seguro... aunque, si el tema asumir riesgos, el mayor desafío no es solo contar la historia (que también), sino cómo la industria la maneja: comprimir tanto en siete episodios y posponer lo vital para la tercera temporada es un salto al vacío sin paracaídas.

Debilidades… y no son menores 

 Siguen adaptando del Joystick a la televisión, pero se nota que la serie todavía está en obras. Quedan ladrillos por colocar, huecos y muchas piezas por encajar de cara a la tercera temporada. Hasta entonces, toda valoración de estos siete episodios es un checkpoint provisional. Pero están ahí y esta segunda tanda no se libra de problemas...

La narración oscila entre acción intensa, pausas de introspección, elipsis, flashbacks... ¿Coherente con el tono emocional? Sin duda. ¿Valiente? También. ¿Se resiente el ritmo? Sí. Hay escenas que se alargan demasiado, silencios que se estiran como chicle y dinámicas que restan más que suman. A ello se suma una tendencia excesiva a la sobreexplicación, en lugar de permitir que la trama respire y se descubra sola. A veces faltan aristas, alma… y cuesta alinear lo que se siente con lo que realmente ocurre: un pulso imperfecto.

Y luego están los personajes que suman, pero podrían dar más, que piden más foco o un enfoque distinto… y sí, hablo de Dina y Abby (sin spoilers, lo prometo). Dina tiene química y peso emocional desde el inicio, pero a veces se queda sin espacio para que conectemos del todo; en el juego fluye mejor, mientras que en la serie, entre cortes, saltos y paja narrativa, se diluye. Abby, por su parte, irrumpe con fuerza, pero su arco aún se construye. Dos piezas que prometen, pero no despegan. Esa sensación asoma también en otras tramas, que ganarían con una evolución más clara.

Y (también) fortalezas

Si se busca revivir la experiencia del juego, la serie siempre pierde... No te va dar lo mismo que el mando por mucho que lo busques, pero si la ves como lo que es —una adaptación con defectos y aciertos—, es disfrutable.

Craig Mazin y Neil Druckmann no se limitan a calcar el juego: lo revisitan, lo reinventan, lo expanden… La fidelidad al original está, pero la creatividad también: hay nuevas capas, nuevos personajes (algunos inventados exclusivamente para la narrativa de la serie), nuevos matices. ¿La estructura fragmentada? Arriesgada, sí, pero encaja porque las emociones no van en línea recta… y la historia tampoco.

Incluso con un desarrollo limitado, hay interpretaciones –más allá de Ellie y Joel– que también suman. La propia Abby, interpretada por una gran Kaitlyn Dever (que te deja con ganas de más), emerge como una figura oscura, cargada de potencia dramática en torno a la justicia y la venganza. Igualmente, Isabela Merced apunta alto desde el primer episodio como una maravillosa Dina... y, en un sentido más coral, Catherine O’Hara (Gail), Jeffrey Wright (Isaac) o un imponente Robert John Burke (Seth) también aportan... y no poco.

¿Y en lo técnico? Dirección con personalidad, fotografía y BSO potentes, VFX que cumplen y un CGI que no canta. La ambientación sigue siendo de diez: detallada, envolvente, cuidada al milímetro. Todo está pensado para meterte hasta el cuello en este mundo roto.

 Una lección de estructura narrativa. Devastación y nuevos caminos

El primer episodio funciona como una calma tensa antes del impacto, un espacio fértil para las primeras sacudidas del siguiente capítulo. La estructura narrativa de esta segunda temporada aprovecha inteligentemente el arranque: sitúa a los personajes en su nuevo escenario y al mismo tiempo siembra tensiones latentes que pronto estallarán. La serie reafirma su músculo dramático y señala el inicio del viaje. Los primeros giros devastadores llegan pronto y marcan un punto de inflexión, obligando a los personajes —especialmente Ellie— a reconstruirse.

Tras los dos episodios iniciales, la base narrativa queda claramente definida para la travesía que vendrá después. Entre nuevos personajes, flashbacks y escenarios que amplían el universo narrativo, las tramas van avanzando a su ritmo. Se alternan acción, tragedia, tensión, violencia y dolor, con pausas introspectivas y diálogos que, aunque a veces rompen el ritmo, también intentan conectar con los dilemas morales, emocionales y la búsqueda de redención, aunque ese camino se transita a medias y con problemas narrativos bastante relevantes.

Checkpoint provisional

Season 2: más capas con patada emocional, pero también más irregular que la primera. No es solo lo que ves; es lo que deja por dentro. Arriesgan y siguen... pero, si hablamos de arriesgar, uno de los mayores riesgos no es narrativo, sino industrial: condensar tanto en una temporada tan corta y dejar la coherencia para la Season 3 es jugársela a la ruleta rusa. Aunque ya esté anunciada, está por ver si llegará... y si será suficiente. Aquí manda el algoritmo, no la historia.

Punto de inflexión

El segundo capítulo es, literalmente, brutal. No solo marca el rumbo emocional y narrativo de la temporada, sino que impacta, sorprende y lo hace con una precisión milimétrica en el momento justo. Through the Valley ya es historia de la televisión: un episodio enorme, de los que se quedan, se discuten, se sienten. Violento, hermoso, íntimo y devastador.

Se ha hablado mucho de la brutalidad de la muerte de Joel a manos de Abby, pero el plano final del episodio golpea aún más: Ellie y Dina cabalgando en la nieve, arrastrando su cuerpo envuelto. La inmensidad blanca, el silencio absoluto, la lejanía de las montañas. No hay palabras. No hay música. Solo vacío. Esa imagen lo dice todo.

Todo está conectado y las decisiones tienen consecuencias. La brutal venganza de Abby no solo arrebata a Ellie su figura de referencia, también dinamita toda posibilidad de estabilidad. Si alguien esperaba una temporada con Jackson como un remanso de seguridad, pronto descubre que ese espejismo no cabe en este mundo.

La llegada de Abby no solo sacude la trama, también reformula la forma de mirarla. La serie, como el juego, elige contar la historia desde dos ángulos enfrentados. No busca justificar, pero sí confrontar. Y en ese choque reside buena parte del sentido de esta temporada... y, posiblemente, de la siguiente (porque, al final, no es posible entender esta Season 2 sino como el inicio de la Season 3).

Levantarse y seguir

El dramatismo no está solo en el golpe asestado, sino en lo que vendrá después: cómo se vive el duelo y se canaliza la rabia, cómo Ellie empieza a redefinirse desde la pérdida... aquí no hay tiempo para llorar: la historia sigue, y lo que viene no será más fácil.

A partir del tercer episodio la temporada avanza de forma desigual, con problemas narrativos, sus dosis de crudeza y sin respuestas fáciles. La violencia va calando en cada decisión: torturas despiadadas, embarazos sorpresivos, confidencias extremas y canciones que evocan lo perdido... Mezclado en un relato donde la ambigüedad moral no es solo un recurso narrativo: Isaac, Abby, Dina, Ellie, Serafitas, Lobos… todos arrastran cicatrices y facturas que alimentan el conflicto. 

La grieta entre lo justo y lo necesario

En este mundo donde las paredes respiran esporas y la ciencia se ha podrido, la tensión ya no es moral: es biológica. En el hospital de Lake Hill, la oscuridad no solo se ve, se contagia. Ellie camina entre preguntas sin respuesta. Su inmunidad es impotencia, no es una llave, es una grieta entre lo justo y lo necesario. Y cuando se abre, ya no pregunta: golpea. 

Los días futuros ya pasaron

Entre ruinas también hay memoria… y así entramos en la recta final de la temporada. El episodio 2x06 es una excavación emocional al pasado: en 1983, Joel descubre que amar duele. Esa cerveza con su padre resuena cuando intenta cuidar de Ellie sin saber cómo y la relación se desgasta... Joel miente y también roba: le quitó a Ellie su propósito y su oportunidad de cambiar el mundo. La salvó por amor, sí, pero ese amor —como las polillas que atraen a Ellie— no transforma, mata. Pero ahí siguen...

Con este flashback de casi una hora, el terreno queda abonado para la explosión final del séptimo episodio, un cierre de temporada que cierra entre poco y nada: tremendo cliffhanger, todo patas arriba y muchísimo material pendiente. Si eres muy gamer y conoces bien el original, a estas alturas corres el riesgo de acabar estampando el mando contra la pantalla, porque aquí te han tocado la narrativa, el mapa, los objetivos secundarios… y hasta los diálogos de los NPC.

En construcción 

Han asumido más riesgos y el producto es menos sólido que en la primera temporada, más irregular... pero lo han vuelto a hacer: no han copiado, han tomado la esencia del juego y la han reescrito al lenguaje televisivo. Aunque el resultado no llega al mismo nivel, la serie sigue viva y en construcción. Nos seguimos leyendo en la Season 3… si no nos volvemos fúngicos antes.

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