G20: Serie B... pero que me pongan dos tazas

Un thriller muy básico y genérico que se limita a intentar cumplir con el manual: tensión intermitente, escenas de acción, pinceladas de humor, su dosis de patrioterismo y sensiblería, y un final reconfortante que se ve venir antes de empezar. No promete más de lo que da.

Presidenta de EE.UU. negra y con carácter, directora hispana al mando, guion paritario y mirada inclusiva. Con esos ingredientes, G20 podría haber sido algo rompedor, diferente. No lo es... También podría haber sido un panfleto o un desastre absoluto… pero tampoco tanto. 

Ver a Viola Davis en modo presidenta de acción, chaleco y rifle en mano incluidos, es un incentivo y no puedes evitar sentir cierta nostalgia noventera. El ritmo es irregular y las escenas de acción cumplen, aunque ninguna se recordará en los anales del cine. 

Davis ofrece una interpretación sólida, intensa en algunos momentos, y está bien acompañada por un Rodríguez solvente en su papel de fiel Manny, así como por secundarios que cumplen lo justo con su función y poco más. 

Antony Starr (Homelander en The Boys)  lo borda como el malo malísimo, disfrutando a lo grande, como si Patriota hubiera perdido los poderes pero mantuviera la misma mala leche. Solo le falta disparar rayos por los ojos y salir volando. Todo huele a serie B, con efectos justitos y buenas intenciones.

La trama tiene un punto disparatado, pero casi se lo perdonamos porque es una excusa narrativa como otra y sirve para lo que sirve. Al final, cumple lo suficiente para mantenerte enganchado y ofrecer un rato de entretenimiento sin complicaciones.

Tiene sus limitaciones, muchas, pero también cierto encanto funcional. Así que sí, se deja ver y es disfrutable. Y si el problema es que se trata de “agenda woke”, pues compro... que me pongan dos tazas. Y una palomita más, ya que estamos.


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