Project Hail Mary. La Sci-fi ha vuelto


La sensación que deja la película es profundamente reconfortante al ver cómo consigue recoger el testigo de grandes referencias para construir una especie buddy movie de Sci-fi que toca la fibra y te reconcilia con el género. 

La película gestiona sus influencias sin dejarse aplastar por ellas. Bebe del misticismo visual de 2001: Una odisea en el espacio y de la urgencia científica de Interestelar, pero le añade una capa de humanidad y asombro que nos devuelve directamente a la esencia 'Amblin' de E.T. o al rigor intelectual de Contacto. Es una película que no teme ser inteligente, que confía en que disfrutes descifrando un lenguaje alienígena junto a su protagonista, convirtiendo la comunicación en un puente urgente entre dos mundos.

Va más allá y dialoga con nuestra memoria cinéfila. La cinta me ha traído el recuerdo de aquella tensión diplomática y ética de "The Enemy", episodio de Star Trek: TNG, donde Geordi La Forge y un romulano debían entenderse para no morir. Pero aquí, esa "diplomacia de trinchera" se expande hasta alcanzar la escala emocional de Enemigo mío ("Enemy Mine", 1985), transformando la desconfianza inicial en una de las amistades más puras que nos ha dado la pantalla en años. 

Y en el centro de todo, un Ryan Gosling que vuelve a demostrar su infalible instinto para elegir proyectos. Su Ryland es un ancla: nos entrega a un hombre vulnerable, sarcástico y brillante que sostiene el peso de una buddy movie interestelar con una naturalidad pasmosa. A pesar de sus 156 minutos, el ritmo es tan fluido que el tiempo se diluye. Te atrapa, te hace sonreír y, sobre todo, te deja con esa sensación de esperanza que solo la gran ciencia ficción sabe provocar. 

En la inmensidad del vacío espacial, como en la vida, lo más valioso que podemos encontrar es a alguien con quien compartir el camino.

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