AMAZE! AMAZE! AMAZE! (LA CIENCIA FICCIÓN HA VUELTO)


* "Through the black, the stars collide... One man against the endless night..." — Spider Knight. Project Hail Mary

Lo que propone la película es una adaptación de la novela homónima de Andy Weir, una recontextualización que asume que la gran pantalla tiene sus propios códigos. Que nadie busque otra cosa: no la va a encontrar. Pedirle a la cinta lo mismo que al papel, o pretender que sea lo que no es, es no entender ni el lenguaje del cine ni la propia naturaleza de la película.

En tiempos donde la ciencia ficción, cada vez más entregada a algoritmos y VFX, parece oscilar entre el espectáculo vacío y la tontería impostada, Project Hail Mary (titulada Proyecto Salvación en España) encuentra un equilibrio mucho más difícil: emocionar. Esto no va de CGI, ni tampoco de argumentos sesudos y complejos. Es mucho más sencillo: Lord y Miller recuperan el cine de ideas que te hace sentir algo real.

Hay mucho que disfrutar. La sensación es profundamente reconfortante al ver cómo, más allá de la novela, consigue recoger el testigo de grandes referencias para construir una especie de buddy movie de sci‑fi que toca la fibra y te reconcilia con el género.


La película gestiona sus influencias sin dejarse eclipsar por ellas. Bebe de 2001 y de la urgencia científica de Interestelar, pero le añade un barniz de humanidad y asombro que nos devuelve a la esencia ‘Amblin’ de E.T., combinada con la curiosidad intelectual de Contacto. No teme ser inteligente y confía en que disfrutes descifrando un lenguaje alienígena junto a su protagonista —un proceso que puede ser más fascinante que cualquier escena de acción hecha a golpe de algoritmo— convirtiendo la comunicación en un puente urgente entre dos mundos.

Va más allá y dialoga con nuestra memoria cinéfila. La cinta me ha traído el recuerdo de aquella tensión diplomática y ética de "The Enemy", episodio de Star Trek: TNG, donde Geordi La Forge y un romulano debían entenderse para no morir. Pero aquí, esa "diplomacia de trinchera" se expande hasta alcanzar la escala emocional de Enemigo mío ("Enemy Mine", 1985), transformando la desconfianza inicial en una de las amistades más puras que nos ha dado la pantalla en años. 

Y en el centro de todo, un Ryan Gosling que vuelve a demostrar su infalible instinto para elegir proyectos. Su Ryland —vulnerable, brillante, y con el punto justo de sarcasmo autoprotector— es un ancla muy humana que sostiene el peso de una buddy movie interestelar con una naturalidad pasmosa. 

A pesar de sus 156 minutos, el ritmo es tan fluido que el tiempo se diluye. Te atrapa, te hace sonreír y, sobre todo, te deja con esa sensación de esperanza que solo la gran ciencia ficción sabe provocar. 

En la inmensidad del vacío espacial, como en la vida, lo más valioso que podemos encontrar es algo parecido a un amigo... o alguien con quien compartir el camino.

El factor Amblin con regusto trekkie 

Tal vez el final pueda dejar dudas, pero —más allá del grado de coherencia con la novela— creo que encaja de maravilla con la esencia 'Amblin' como opción de la película. No quiero cerrar la crítica sin detenerme aquí... y la única forma de hacerlo es destripando en spoilers. 

Ryland comienza su viaje como un "héroe a la fuerza", un hombre que ni quiere ni cree ser capaz de sacrificarse, pero su evolución se completa a través de la influencia de Rocky, construyendo su amistad y estableciendo una relación de colaboración y solidaridad. Por eso puede poner rumbo a la Tierra para asegurar la supervivencia de nuestra especie, y también por eso decide dar media vuelta y renunciar a su propio mundo para salvar a su amigo. 

La empatía prevalece sobre el instinto de supervivencia en un eco visual que funde la icónica escena de Kirk y el sacrificio de Spock tras el cristal (Star Trek II: La ira de Khan) con la conexión imposible de E.T. Lord y Miller han revelado que la escena del sacrificio tras el cristal no es solo un homenaje visual a La ira de Khan, sino que se rodó utilizando espejos físicos para captar el reflejo real de Gosling y Rocky fundiéndose en uno solo, reforzando ese mensaje de unidad que hace que Ryland decida, finalmente, que su hogar es donde esté su amigo.

El desenlace de la película es un cierre circular que nos devuelve a los años 80. En lugar del destino trágico de la novela dentro de una cúpula presurizada, con problemas de salud por las condiciones extremas del planeta, una existencia dura y solitaria... se nos revela un final feliz en un hábitat tecnológico y paradisíaco diseñado por los eridianos. 

Ryland, que inicialmente huyó de su responsabilidad, encuentra finalmente su lugar en un mundo que no es el suyo. Sabe que con la tecnología eridiana podría regresar a casa cuando quisiera, pero decide quedarse porque su hogar es ahora su vínculo con Rocky.

Al final Ryland no solo salva a la humanidad, sino que encuentra su verdadera pertenencia... y no es posible encajar un cierre coherente con la ciencia dura de la novela de Weir, porque la película adopta la narrativa ochentera ‘Amblin’, que siempre premia al grupo que se atreve a enfrentar lo imposible.



Comentaris

Entrades populars