El candidato Torrente, como los niños y los borrachos, no te engaña


 * Un 10 hiperventilado que ni yo me creo, pero...


Santiago Segura ha decidido que, más allá de 'Padre no hay más que uno', hay otras formas de llenarse los bolsillos. Le he cascado un 10, no porque lo merezca —si lo analizo como cine— sino porque me encanta volver a ver a Torrente. A eso he venido y lo agradezco. Incluso me atrevo a decir que su sátira política a saco, “apatrullando” la política, hace una inmensa labor social.

Segura y Torrente vuelven al fango; qué falta nos hacía… y que haya escondido la película como un secreto de Estado hasta su estreno en cines (la crítica profesional muy contenta no está y yo no pienso hacer ni medio spoiler), con solo un par de teasers —viendo a Torrente sudar el chándal por el Valle de los Caídos, como un Rocky de garrafón, soltando un cuesco que retumba en la conciencia nacional— es algo más que una maniobra de marketing: es una declaración de intenciones.

A estas alturas ya sabemos lo que hay. La peli no será el colmo de sátira ácida, ni una mezcla de Loach con los Monty Python. La saga nunca ha sido eso y, precisamente, en esa simpleza reside su fuerza... y también un exorcismo y un buen homenaje de sí misma. En un mundo de algoritmos, de gente de piel fina y de una polarización que asusta, recuperar al brazo tonto de la ley es recuperar parte de nuestra salud mental.

Hay quien dice que esta película 'blanquea' el fascismo, que es 'zafia', que está 'fuera de lugar'... Pues yo veo lo contrario, igual es que soy un poco friki… o que estoy alienado, no sé… Lo que veo es un espejo delante de esa España que se cree muy moderna por llevar un iPhone no sé cuánto Pro o una pulserita, pero que sigue oliendo a carajillo y a rancio.

Torrente es el avatar de todo eso: el populismo de barra de bar, de las redes sociales, del 'yo no soy racista, pero...', de todos los cuñados del mundo... y de esa fascinación por los líderes hiperventilados y ‘explosivos’ que ahora vuelven a estar de moda, pasando por ese partido… NOX sé qué y no sé si aquí da más miedo (y risa) que la realidad.


En este 2026 tan aséptico, reírse de uno mismo es casi un acto de rebeldía y ‘Torrente presidente’ es una autopsia donde nuestra cara más fea —cubierta solo con una capa de maquillaje o un filtro de TikTok— se desvela a golpe de chiste casposo. Ganamos todos cuando alguien se atreve a rascar donde pica.

Si te escandalizas, quizá es que no te gusta su humor —y hasta ahí todo bien— o que te reconoces en la pantalla, y entonces tienes un problema. La película también te pone a prueba: la capacidad de reírnos de nosotros mismos es su prueba del algodón.

El candidato Torrente, como los niños y los borrachos, no te engaña. El rey de la caspa vuelve para salvarnos de la corrección política y de la tontería que acaba costando cara.

* Lo mejor: La capacidad para provocar a sectores, supuestamente, opuestos.
* Lo peor: Que habrá quien se la tome en serio.

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