Black Mirror con un punto twilightzonero
Este episodio tiene algo que lo hace diferente. Hay un aire a The Twilight Zone que le da personalidad sin salirse del formato de Black Mirror.
La tecnología y la ciencia ficción están ahí, sí, pero al servicio de una historia con elementos de fantasía sobrenatural que se cuece bien.
Además, nos plantea un trasfondo bastante potente sobre el bullying, sus facturas pendientes, daños colaterales... y las heridas que se quedan abiertas, pasándolo todo por el tamiz de la fantasía oscura, la ciencia ficción inquietante y una trama que engancha.
Está bien construido, sin fuegos artificiales pero con solidez. Y lo que de verdad lo eleva son Siena Kelly y Rosy McEwen, que están estupendas y sostienen la historia con mucha solvencia.
Un episodio más que aceptable, con personalidad propia y ese punto raro que te deja pensando.
En mi escala personal, se mueve entre el C+ y el B. Disfrutable y algo más.



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