'Por cien millones'. Un pichichi en el zulo


'Por cien millones' es una comedia con doble fondo y lo que te encuentras sorprende, porque lo del enfoque cómico tiene más truco que un fuera de juego de aquellos cuando el VAR se pone creativo, aunque en los 80 era todo más analógico, como el alma de esta película disfrazada de miniserie.

Sobre el papel es una comedia ligera… pero en la práctica se parece bastante a un thriller social con resaca histórica, apuntes de comedia y mucho caos ochentero. La historia es tan irresistible como real: tres mecánicos de Zaragoza, con pocas luces, problemas económicos y un taller vacío, deciden secuestrar a Quini, el mítico delantero asturiano del F.C. Barcelona y varias veces Pichichi.

Parecía imposible, pero lo intentaron: cien millones de pesetas de rescate, en plena España post-Tejero de 1981, con la Brigada Anti atracos de Barcelona y la élite de los cuerpos policiales de la época pisándoles los talones. Ni expertos criminales, ni maestros del disfraz: solo tres tipos desesperados.

El trío funciona. Raúl Arévalo aporta ese aire de tipo corriente que da la sensación de que va a petar en cualquier momento. Vito Sanz se harta de robar planos y se merienda trama como un 'bollicao' en un patio de EGB y Gabriel Guevara pone el toque caótico con un punto empanado y sí, te lo crees porque son villanos muy humanos… y ahí está el truco.

La serie juega con la memoria histórica y la crónica sociológica. Se nota en el guion, en los ambientes recreados, que dan la sensación de cápsula del tiempo vista con la resolución que permita tu pantalla... y también en el uso puntual de imágenes de archivo y escenarios reales: la reconstrucción del momento del secuestro, el bar donde le compraban los bocadillos o el zulo donde Quini estaba retenido. Todo está ahí para recordarnos que esta España ochentera corría a toda máquina… y no esperaba a nadie.

Los secundarios orbitan en modo satélite, sin demasiado margen de acción y cumplen su papel. Y el humor, aunque aparece atropellado por momentos, funciona... pero te está recordando que esto no es una comedia pura, si es que eso existe. Cuando baja el tono cómico y se concentra en las emociones y en el relato, la serie respira mejor.

La humanización de los secuestradores es la base del relato —sus penurias, conflictos y decisiones desesperadas— y la forma en que Quini los perdonó públicamente forma parte de una historia real. Da gusto ver cómo la serie la procesa desde el respeto a todos sus protagonistas, dándole un matiz cálido y humano que no se percibe impostado. Ahí es donde la miniserie brilla.

Al final, 'Por cien millones' juega a dos bandas: no es la comedia que parecía, pero sí un retrato gamberro y entrañable de una España que corría demasiado rápido, unos tipos que solo querían sobrevivir... y un gol imposible que, por suerte, terminó en historia sin tragedia.

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