Starfleet Academy: Perderse donde nadie había llegado antes. ¿Dilitio por hormonas?
* Crítica actualizada temporada completa Paramount+
Quemando hormonas
Escribo la crítica desde la exigencia de calidad basada en el lore. No me gusta suspender una serie de Star Trek, y lo digo como un trekkie que viene de TOS, TNG, DS9, VOY y ENT, que incluso ha disfrutado ‘Subspace Rhapsody’ (SNW 2×09), adora Lower Decks y hasta se ha reído con la Sección 31. SFA es divisiva y lo seguirá siendo. Star Trek siempre lo ha sido y ese no es el problema. Tampoco lo es el debate 'woke' o no 'woke'. El 'wokismo' —si se puede llamar así— ya lo adoptó Gene Roddenberry en 1966, antes de que existiera y se pervirtiera el concepto. El error de SFA no es ideológico, sino narrativo.
Lo he intentado, y le reconozco momentos, algunos episodios aceptables y un tramo final que la eleva. SFA se enciende y se apaga, sigue intentando explorar… pero en conjunto no es suficiente. La serie trata de ir más allá del 'spin-off' de DIS —y de las hormonas— con ingredientes 'trekkies' de siempre: aventura, dilemas morales, diplomacia, diversidad, tramas autoconclusivas y serializadas, klingons 'outsiders' y hasta algún 'crossover' inesperado, pero no se libra de la sobredosis de drama adolescente, no logra el equilibrio, y ahí empieza el problema. Lo del “masaje” de la crítica profesional, bueno, parece que responde más a la industria que a criterios objetivos. Ni lo sé, ni quiero saberlo.
El reencuentro con Robert Picardo y su Doctor es un subidón, además de un puente con 'Voyager'. Holly Hunter construye una capitana canciller Ake disruptiva. Paul Giamatti, como el villano Nus Braka, parte de un punto histriónico que va a más. La comandante Reno de Tig Notaro también anda por ahí y cumple. Gina Yashere, Sandro Rosta, Bella Shepard, Kerrice Brooks, Karim Diané… todos suman un recorrido que, al menos, durará otra temporada. Situar la Academia en el 3180 para reconstruir la Federación debería ser la oportunidad de ampliar el lore. Pero lo importante no es qué se hace, sino cómo. La Federación sobrevivió a 'La Quema', pero han cambiado el motor de curvatura por uno de hormonas.
La USS Athena y el riesgo 90210
SFA no es el Star Trek que necesitamos, y menos aún el que recordamos: es canónica, tiene potencial, mucho “brilli-brilli" CGI, hologramas, robots revoloteando… pero, a medida que avanzan los capítulos, se parece demasiado a un 'Starfleet, 90210' que juega a ser un reverso 'teenager' de Star Trek, se queda en tierra de nadie y no convence. El balance es un ‘checkpoint’ con dudas. Lo explico mejor en la zona de spoilers —son moderados, pero tú decides si sigues leyendo—. La segunda temporada está ya rodada, la tercera en el aire… y seguimos el viaje.
Sacando el bat’leth
La serie lo intenta, tropieza… y para explicarlo toca sacar el bat’leth y destripar.
Los dos primeros episodios funcionan como piloto extendido ubicando tramas y personajes. Las referencias trekkies son constantes: el Pabellón James T. Kirk, la cadete cheroniana, nombres míticos de las leyendas de la Flota en pantallas enormes, y hasta Prodigy, con el cameo de un cadete Brikar.
Hunter pone en el centro su Nahla Ake: camina descalza, le gustan los vinilos y los libros, nunca se peina y es un espectáculo verla sentarse en el puente de mando. Es lo que tiene ser medio lanthanita, haber vivido 400 años y estar de vuelta de todo. Su química funciona y es el motor warp de la serie… aunque la sucesión de capítulos es irregular como una montaña rusa.
‘Vitus Reflux' es una parodia ‘college comedy trek’ sobre el dilema exploración/guerra: evitar conflictos a base de empatía, liderazgo participativo... pero resulta una mala versión de 'The Orville'. Olvídate de TNG, DS9 o cualquier cosa que remotamente se parezca.
'Vox In Excelso' propone un Star Trek reconocible: personajes potentes, ética, diplomacia y cultura klingon post-Quema, aceptando sus propios códigos. Incluso regala una batalla “fake” que no está mal.
'Series Acclimation Mil', juega con el lore de DS9: ‘retcon’ emotivo, trazos de TikTok y cierre emocional. Puestos a ser “creativos”, Avery Brooks y Benjamin Sisko merecen más que ser una herramienta de marketing.
'Come, Let's Away' suma con un tono trekkie oscuro: amenaza 'Furies' —tipo 'lynars' de Celtris III en TNG— en la USS Miyazaki, reivindicación de Nus Braka como villano auténtico, una cita de Spock incrustada en su núcleo narrativo… y hasta cómics retrofuturistas.
'Ko'Zeine' es un relleno con ecos de 'Home' (ENT) y 'Family' (TNG), sobre el arco de Darem (George Hawkins) con sus conflictos político-sentimentales khionianos y el trauma "coming-of-age" de Génesis (Bella Shepard).
‘The Life of the Stars’ hace una rayada coral con baches holográficos, teatro-terapia —justificando el salario de Mary Wiseman— y homenaje a ‘Blink of an Eye’ (VOY). Sigue el prólogo dilatado.

‘300th Night’ eleva el nivel y arranca el cierre con el arco emocional de Caleb arrastrando al grupo y el foco sobre Ake fuera de protocolo, Reno y el Doctor. Huele a canon clásico: robo de lanzadera, el inhóspito Ukeck, maniobras tácticas in extremis, rescates con transportador, amenaza Omega-47 (VOY ‘The Omega Directive’), traveling, cliffhanger… y sí, la dirección de Jonathan Frakes está ahí para asegurar el tiro.
'Rubicon' cierra y lo hace bien. Osunsanmi sigue la senda de Frakes: escala épica, Braka desatado y tácticas de escape holográficas estirando el lore al límite —'The Killing Game' (VOY 4×18/19), 'Babel One', 'United' y 'The Aenar' (ENT 4×12/13/14)—. El episodio se resuelve con ingenio y por fin vemos a Reno en todo su potencial. Hay diálogos que suben el nivel, réplicas de Ake que encarnan la Federación, autodescubrimiento trekkie en el viaje de Caleb... y, de propina, homenaje final en los créditos ¿pensando en la próxima temporada?
Hormonas… y un Q de emergencia
SFA vuela mejor agarrada a las alas de la nostalgia (DS9, TNG, VOY…) para que le resuelva la papeleta (y el lore). Me quedo con esa nostalgia y el potencial heredado... porque la personalidad sigue en construcción.
El problema no es qué ofrece la serie, sino cómo parcialmente lo hace. No basta con guiños trekkies, coherencias narrativas o apostar todo al carisma de la capitana. Hay un exceso de drama adolescente —sobre todo en los primeros episodios— que lastra la narrativa. No le vamos a pedir que sea Kubrick, pero sí que no acabe pareciéndose demasiado a una sitcom juvenil con uniforme de la Flota.

Si las hormonas no dejan ver el espacio, tal vez Kurtzman debería centrarse en sus labores de producción y dejar la dirección a gente como Frakes, y ya puestos, volver a revisitar con calma TNG, DS9, SNW y la tercera temporada de Picard. Si nada de eso funciona, siempre quedará que Q haga un Erasmus en la academia y ponga algo de orden en el caos adolescente.
Las dudas persisten, mucho... pero también la curiosidad. La segunda temporada ya está confirmada y rodada; la tercera depende del público —también del algoritmo de la industria— y yo, de momento, sigo en la nave.






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