Demolition Man. La película que nos enseñó a temer a las tres conchas
Recuerdo cuando, por casualidad, vi esta película. En aquella época vivía a cuarenta kilómetros de Barcelona, aunque trabajaba y la mayor parte de mi vida social estaba también allí... Por algún motivo, por la tarde tuve que estar varias horas antes de volver a casa. Y, sorprendentemente, no tenía absolutamente nada que hacer, total que me metí en un cine del Paralelo y allí me la encontré... Un regalo.
Demolition Man es una de esas películas que, en su momento, podía parecer "otra cinta de acción más" con Sylvester Stallone y Wesley Snipes enfrentados en un futuro distópico. Pero con el paso del tiempo, ha demostrado ser mucho más que eso.
Es un artefacto que mezcla acción y comedia con una inteligente crítica social, tocando temas que han ganado relevancia con los años: la pérdida de la libertad personal, la obsesión por la perfección social y los riesgos de un exceso de regulación en la vida cotidiana.
La película también destaca por sus personajes memorables. John Spartan, el héroe rudo y directo, choca frontalmente con un futuro aparentemente ideal pero lleno de absurdos. Simon Phoenix, su antagonista, es un villano carismático y excéntrico que roba cada escena. Además, Sandra Bullock (me enamoré de ella) aporta frescura y humor en un papel que, aunque en un futuro utópico, refleja la fascinación por la humanidad pasada.

Está claro que no es una gran obra del séptimo arte, pero con un diseño visual que mezcla lo futurista con un aire noventero y una dirección que no teme ser irreverente, Demolition Man ha resistido al tiempo como una película que no solo entretiene y divierte, sino que invita a reflexionar.




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