Star Trek o 'Sensación de vivir': ¿A qué huelen las botas de un cadete?

 


* Actualización hasta el episodio 1x06 en Paramount+

Dudas en la holocubierta

La serie arranca y, frente al "entusiasmo"  de cierta crítica profesional, mis primeras impresiones de estos seis episodios son un revoltijo de sensaciones encontradas: algún brote verde y bastantes dudas. Starfleet Academy juega a ser un reverso teenager de Star Trek que busca su lugar más allá del spin-off de Discovery. Intenta evolucionar integrando el lenguaje de las nuevas generaciones con la esencia trekkie, pero se queda en tierra de nadie y de momento no convence en un sentido ni en otro. Aunque aún es pronto para saber si encontrará su camino. Por ahora, ajusto la nota a 4,5/10. Sigue habiendo potencial y debilidades y, a estas alturas, cualquier evaluación es provisional. Por tanto, mi valoración refleja únicamente la mitad de la temporada y, lógicamente, cuando se complete la editaré y la revisaré.

Doy por descontado que será muy divisiva… y más todavía estando como productor ejecutivo Olatunde Osunsanmi (sí, el mismo que dirigió el experimento fallido de la Sección 31). La escritura del guion intenta ir más allá de las hormonas con ingredientes trekkies de toda la vida: aventura, dilemas morales, diplomacia, diversidad alienígena, hasta klingons outsiders y algún cameo crossover que no te esperas, todo servido con un punto caótico. De hecho, existe una cercanía de producción y showrunners con Lower Decks y eso se nota en su ADN. También hay convivencia entre lo episódico y lo serializado, aunque no nos libramos de su dosis de drama adolescente, lo que nada más arrancar ya genera dudas y un gran riesgo si la serie no encuentra el equilibrio adecuado con todo lo demás.

Holly Hunter construye una capitana y canciller Ake completamente disruptiva: camina descalza por la nave, le gustan los vinilos y los libros, nunca se peina y es un espectáculo ver cómo se sienta en el puente de mando… Es lo que tiene ser medio lanthanita, haber vivido 400 años y estar de vuelta de todo. Paul Giamatti, como el villano Nus Braka, arranca con un punto histriónico y sobreactuado. La comandante Reno de Tig Notaro también anda por ahí y, como siempre, cumple y te deja con ganas de más. Gina Yashere, Sandro Rosta, Bella Shepard, Kerrice Brooks, Karim Diané… todos se suman y prometen un recorrido que está por ver. El reencuentro con Robert Picardo y su Doctor holográfico es un subidón, además de un puente con la memoria de la saga —y se agradece que se hayan acordado de Voyager—. 

La USS Athena y el riesgo de Beverly Hills

Situar la Academia en la década de 3180 y explorar una nueva era de reconstrucción de la Federación debería ser una oportunidad para buscar nuevas fronteras y ampliar el lore de la franquicia. La USS Athena es impresionante tanto por fuera como por dentro: luminosa, con un enorme despliegue de CGI, hologramas y robots revoloteando por todas partes. Sin embargo, a medida que avanzan los capítulos, asoma la posibilidad de que la serie acabe convirtiéndose en una especie de Beverly Hills, 90210 disfrazado de Star Trek, aunque con sólo la mitad de la temporada, por el momento, es imposible hacer un balance definitivo. Lo explico mejor en la parte de spoilers —en los tres episodios no emitidos todavía por SkyShowtime los spoilers son moderados, pero tú decides si quieres seguir leyendo—.  Habrá que esperar a ver cómo se completa el conjunto. Por ahora, sigo en el viaje.

Sacando el bat’leth

Los primeros cinco capítulos dejan impresiones contrapuestas y, para explicarlo, no hay otra que entrar en la parte de spoilers, sacar el bat’leth y empezar a destripar. 

Hay potencial y debilidades —y no ayuda nada que en la versión doblada se hayan cepillado de entrada el tema orquestal de 'San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair)' de Rufus Wainwright—. Los dos primeros episodios son un piloto extendido para centrar tramas, presentar personajes y conectarlos con el pasado. Las referencias trekkies son constantes: el Pabellón James T. Kirk, una cadete cheroniana como guiño a TOS, los nombres de las leyendas de la franquicia en pantallas gigantes… y hasta se acuerdan de Rok-Tahk y Prodigy con un cameo sorpresivo de un cadete Brikar.

Holly Hunter sostiene buena parte del interés. Su Nahla Ake es pura disrupción, tiene una retranca que la hace diferente y solo ver cómo se sienta en el puente de mando ya es un espectáculo. La química de Ake con Lura Thok (Gina Yashere) funciona mejor que la dinámica antagonista con Nus Braka (Paul Giamatti), más apuntada que desarrollada. Sus arcos con Caleb (Sandro Rosta) siguen expandiéndose en una especie de reciclaje creativo que recuerda a Lower Decks. Ake se coloca en el centro y actúa como motor warp de la serie... y la sucesión de episodios dejan una sensación de montaña rusa.

'Vitus Reflux' es una especie de 'college comedy' trekkie intentando rescatar un debate clásico: ¿exploración o guerra? La academia, obsesionada con ganar conflictos post-Quema, nos recuerda que la Flota existe para evitarlos… sí, paciencia, empatía y liderazgo participativo (muy bonito todo). La idea está ahí, pero mejor verlo con los ojos del humor absurdo, como pagar un peaje para llegar al siguiente capítulo… y olvídate de TNG, DS9 o cualquier cosa que remotamente se parezca. 

'Vox In Excelso' es lo más reconocible desde una mirada trekkie en cuanto a dilemas éticos, diplomacia y personajes potentes. Da recorrido al arco de Jay-Den Kraag (Karim Diane) y amplía el lore explorando la evolución del Imperio y la cultura klingon tras la Quema, metiéndose de lleno en su mentalidad: las soluciones no pasan por las directivas y protocolos de la Federación, sino aceptando los propios códigos klingons. Además, ofrece una batalla “fake” de propina que no está mal.


'Series Acclimation Mil', también suma como una especie de 'retcon' homenaje al capitán Sisko —envuelto en estética de videoclip— que juega al límite con el lore de DS9. El desarrollo de SAM (Kerrice Brooks) está ahí, la aparición de Jake Sisko también... y todo lo demás. Le reconozco que el final me ha emocionado  —sensiblero que es uno— y la dosis de nostalgia queda cubierta, pero sigo pensando que, puestos a ser "creativos", Avery Brooks y Benjamin Sisko merecen algo más que ser una herramienta de marketing emotivo.

'Come, Let's Away' sigue elevando la apuesta y se agradece: tono muy trekkie, riesgos reales, la amenaza Kzinti entre las ruinas de la USS Miyazaki, la reivindicación de Nus Braka como villano, una cita de Spock incrustada en su núcleo narrativo… y hasta cómics retrofuturistas.

Hormonas… y un Q de emergencia

No basta con guiños trekkies, coherencias narrativas intermitentes ni con apostar todo al carisma de la capitana. Hay un exceso de drama hormonado que deja al descubierto un riesgo nada menor: que Starfleet Academy, en lugar de ampliar el universo Star Trek, termine convertida en una sitcom juvenil con uniforme de la Flota. Con solo media temporada, todo es todavía un 'checkpoint' provisional: hay dudas, pero también curiosidad por seguir en el viaje.

Si al final las hormonas no dejan ver el espacio, propongo dar más protagonismo a Jonathan Frakes como director en el viaje de la segunda temporada —y que Kurtzman se centre en sus cosas de producción—, y ya puestos revisitar con calma TNG, DS9, Strange New Worlds y la tercera temporada de Picard. Si nada de eso funciona como último recurso siempre quedará la posibilidad de que Q haga un Erasmus en la academia y ponga algo de orden en el caos adolescente.

La segunda temporada ya ha sido confirmada, y veremos cómo cierra la primera. Cuando eso ocurra, editaré la crítica y actualizaré la valoración.



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