ODÍN ES DIOS
David Ayer y Brad Pitt se juntan otra vez y de ‘Corazones de acero’ pasamos a ‘En el corazón de la bestia’. La cardiología sigue en el título, pero nos han cambiado la testosterona patriotera y la estopa por un viaje a Alaska —a pasar un frío de tres pares— en forma de una buddy movie de supervivencia con su punto dramático de dos colegas, uno humano y otro cánido.
Y lo que molan: el humano Brad con su corte de pelo militar, su barba, su tatu en el cuello… y el perro Odín, que tiene nombre de dios y es el puto amo.
'En el corazón de la bestia' casi se aguanta con dos cosas: la cara de gravedad y sufrimiento —pero siempre guapo, el jodido— de Brad Pitt y Odín, que no es IA, es, insisto, el puto amo de la peli.
El perro actor se llama Uber y tiene más tablas que muchos actores humanos. La química entre el bicho y Brad traspasa… y si no se te encoge el corazoncito viendo cómo cuidan el uno del otro, desahuciados en la naturaleza hostil, es que estás muerto por dentro o también sufres algún trauma de esos jodidos.
Cien minutos dan para una estructura episódica, flashbacks y un viaje que estrecha lazos, refuerza la camaradería, el apoyo mutuo y ese tipo de cosas... Básicamente, es aquello de sufrir mucho, sufrir juntos, no palmarla por el camino, acabar queriéndose más y solventar unos cuantos traumas sin pasar por el psicólogo. Porque Odín, además del puto amo —insisto por tercera vez y lo he dicho pocas—, también es terapeuta.
Ayer construye una red de tensión salvaje bastante académica, descarnada, intimidante… y a mí me ha funcionado. Igual es que soy un sensiblero o es que la peli está bien hecha, o las dos cosas. No sé...
¿Qué puede salir mal? Pues alguna flipada...
Algo así como que, a medida que avanza la historia, el guionista Cameron Alexander y David Ayer se vayan arriba y se les vaya la pinza en medio de una oscilación entre un realismo crudo del tipo «joder, qué mal lo están pasando» y cosas que —sin entrar en spoilers— pueden parecer sacadas de un cómic de superhéroes o una versión adulta hardcore de 'La patrulla canina'. En ese punto lo puedes disfrutar... o salirte de la peli.
Pero esto es cine y no está mal asumir el riesgo (y más si la película te está dando lo que promete, has pagado la entrada y estás ahí sentado con las palomitas).
Un thriller tenso de supervivencia, con su punto salvaje, emotivo, divertido por momentos y con un final que no toca destripar aquí, pero casi mejor no esperar al streaming. Aunque sea palomitera y posiblemente también funcione ahí, los paisajes, fotografía, FX y las escenas espectaculares merecen una pantalla grande.
Y el cánido Odín, también.





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