EL TIEMPO Y LA MEMORIA
'Cronos', dirigida por Fernando González Molina es un thriller dramático centrado en el operativo policial desplegado tras los atentados terroristas del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils.
No, no es eso. Creo que es mucho más... A ver cómo lo explico.
El tiempo pasa, la memoria permanece, el dolor no desaparece, pero cicatriza y se vuelve bagaje... y esta película ayuda.
Tiene forma de thriller sobre terrorismo que proyecta realidad con una potencia visual enorme, desde el respeto —pero también con un sentido que bebe directamente del cine de acción made in USA— para meternos de cabeza en el peor día de Barcelona: el 17 de agosto de 2017.
Es mucho más que un producto cinematográfico. Es bagaje, es dolor, es terapia, es reflexión y es reflejo crudo. Es, sobre todo, herida y memoria colectiva... y no es fácil meterse en ese jardín.
La película lo hace. Y no es poca cosa pasar de los hechos al cine y adaptar semejante contexto.
El juego del ratón y el gato está ahí, se intensifica durante las primeras 48 horas, cuando la película te mete de cabeza a velocidad de crucero: Barcelona, Les Rambles, Ciutat Vella, Cambrils; el terror, los operativos policiales, la ciudad herida, el drama... La película transforma todo en un espacio cargado de sentido, herido, que respira junto a los protagonistas, que sufre, resiste y acompaña.
Ese entorno no se limita a lo visual y cala, aunque tal vez no amplifica los conflictos íntimos lo suficiente ni aporta toda la textura emocional necesaria... pero es imposible encontrar todos los enfoques de aquellos días de terror en dos horas de metraje. Hay que elegir y la película lo hace.
La sensación de amenaza y fragilidad está ahí y el entorno, lejos de ser decorado, se convierte en parte activa del relato: un procedimental tenso y riguroso, con grandes virtudes técnicas y los límites lógicos de no poder abarcarlo todo.
El despliegue visual de las secuencias en los puntos neurálgicos de la tragedia hace lo que tiene que hacer y lo hace muy bien. La dirección de fotografía de Pau Castejón y el ritmo impregnan el relato de una atmósfera sofocante de reloj en contra, propia del thriller policiaco clásico.
El trabajo del reparto raya a gran altura, pero despegan Enric Auquer y Mónica López, con el punto que toca en medio de la vorágine operativa.
La recreación histórica de los hechos y testimonios es meticulosa y sobria —casi documental—, evitando caer en el amarillismo o el panfleto.
Puedes echar en falta profundidad en el impacto social, la incertidumbre colectiva o las vivencias de las víctimas y la ciudadanía, o percibir que el alcance emocional queda encorsetado en la maquinaria del operativo, pero, siendo justos, me parece que simplemente es imposible abarcarlo todo y eso ya es otra película, serie o documental.
Lo que hace lo hace bien, te arrastra, te sumerge... y la reflexión la pones tú. Y eso me gusta. Me parece una grandísima virtud: tratar al espectador como un adulto.





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