ENTRE EL THRILLER Y LA CRÓNICA


'Cronos', dirigida por Fernando González Molina y escrita por Alberto Marini es un thriller dramático centrado en el operativo policial desplegado tras los atentados terroristas del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils.

Como thriller policial llega a funcionar, pero no esperes la contundencia de duplas como la de Dani de la Torre y el mismo Alberto Marini o el músculo narrativo de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña. No busques aquí la escala técnica ni el despliegue de producciones como 'La Unidad', 'Antidisturbios' o 'La isla mínima'. El trasfondo es otro y la película no puede dar eso. Es otra cosa.

Tiene forma de thriller sobre terrorismo que proyecta realidad con una potencia visual enorme, desde el respeto —pero también con un sentido que se acerca al cine de acción made in USA— para meternos de cabeza en el peor día de Barcelona: el 17 de agosto de 2017.

Han pasado nueve años de la masacre y la memoria permanece, el dolor sigue ahí, pero cicatriza y se vuelve bagaje... y este es el contexto de la película. Va más allá de un producto cinematográfico. Es reflexión, crónica, dolor, terapia, reflejo crudo. Es, sobre todo, herida y memoria colectiva... y no es fácil meterse en ese jardín.

La película lo hace. Y no es poca cosa pasar de los hechos al cine y adaptar semejante contexto.

'Cronos' navega entre el thriller policial y una crónica de los hechos casi mimética. Y ahí está, para mí, uno de sus problemas: se queda en medio. Pierde músculo y hay momentos en los que no termina de encontrar qué quiere ser entre la acción policial, el contexto político y social y el tratamiento de las víctimas. Hay un conflicto evidente entre el thriller y la crónica.

La tensión se intensifica desde el primer momento, cuando te mete de cabeza a velocidad de crucero: Barcelona, Les Rambles, Ciutat Vella, Cambrils; el terror, los operativos policiales, la ciudad herida, el drama... La película transforma todo en un espacio herido, que respira junto a los protagonistas, que sufre, resiste y acompaña.

Ese entorno no se limita a lo visual y cala, aunque no amplifica los conflictos íntimos lo suficiente ni aporta toda la textura emocional necesaria... pero es imposible encontrar todos los enfoques de aquellos días de terror en dos horas de metraje. Hay que elegir y la película lo hace.

La sensación de amenaza y fragilidad está ahí y el entorno, lejos de ser decorado, se convierte en parte activa del relato: un procedimental tenso y riguroso, con grandes virtudes técnicas y los límites lógicos de no poder abarcarlo todo.

El despliegue visual de las secuencias en los puntos neurálgicos de la tragedia hace lo que tiene que hacer y lo hace bien. La dirección de fotografía de Pau Castejón y el ritmo impregnan el relato de una atmósfera sofocante de reloj en contra, propia del thriller policiaco clásico.

La recreación de los hechos y testimonios es meticulosa y sobria —casi documental—, evitando caer en el amarillismo o el panfleto.

El trabajo del reparto es muy coral, pero despegan Enric Auquer y Mónica López, cada uno con el punto que toca: uno en medio de su vorágine operativa, la otra con su marco mental hecho pedazos.

Puedes echar en falta cosas como la profundidad en el impacto social, la incertidumbre colectiva o las vivencias de las víctimas y la ciudadanía, o percibir que el alcance emocional queda encorsetado en la maquinaria del operativo, pero, siendo justos, me parece que simplemente es imposible abarcarlo todo y, en cualquier caso, eso ya sería otra película, serie o documental.

'Cronos' no es una película perfecta, tiene sus lagunas y sus irregularidades, pero lo que hace lo hace bien: te arrastra, te sumerge... y la reflexión la pones tú. Me parece una grandísima virtud: tratar al espectador como un adulto.

Aunque el thriller se pelea con la vocación de crónica, también deja momentos memorables como el abrazo de la agente de Ciutat Vella a una de las víctimas en Les Rambles horas después del atentado y dibuja bien el shock traumático de los trabajadores públicos que se enfrentan a la situación. Lo vemos en el tratamiento de los agentes durante el operativo en el que son abatidos los terroristas en los viñedos de Subirats y en el paseo marítimo de Cambrils. No son superhéroes ni piezas de una maquinaria de acción: son personas expuestas y vulnerables, sometidas a una situación que los desborda, profesionales atrapados en engranajes emocionales, logísticos, políticos y burocráticos.

Y aquí está la cuestión: ¿es suficiente todo esto para aguantar la película? ¿Es suficiente la película para estar a la altura de una tragedia como aquella?

Posiblemente la segunda es una pregunta trampa y la respuesta siempre es no, porque aquí nada puede ser suficiente. 



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