CULPA DE MIS EXPECTATIVAS


'Enfrentados: Marfil' es la primera entrega de la dilogía juvenil Enfrentados, escrita por Mercedes Ron, la misma de Culpa mía y la saga Culpables... y el fenómeno editorial tiene la culpa. Prime Video, para no perder la costumbre, la ha convertido en película original y, en la misma hornada, también «Ébano», la segunda parte, ya rodada y pendiente de estreno. Si un libro vende, se adapta; si la adaptación funciona, se exprime; y si todavía queda algo, ya se encontrará otro formato en el que empaquetarlo.

Viniendo de dónde viene esperaba una producción con Ester Expósito en modo tía buena y Hugo Diego García en lo mismo. Algo así como "guardaespaldas torturado y frío conoce a chica pija, adinerada e insufrible a la que debe proteger y surge el amor". Con sus giros melodramáticos e intensidad juvenil, una especie de mezcla de «El guardaespaldas» con «Al salir de clase» o «Física o Química», pero trasladado al alto standing de Nueva York y con presupuesto actual de plataforma de streaming.

A ver, algo de eso hay. Pero el caso es que, conociendo los precedentes, venía predispuesto a crucificar sin piedad la película y casi me ha callado la boca. Igual es que mi expectativa estaba muy baja, no sé... Bueno, sí, sí lo sé y me la como. He tenido que cambiar el esquema de crítica que me imaginaba.

Resulta que Ester Expósito sabe interpretar y casi sostiene la película. Hugo no lo hace mal, la química surge y hasta me he encontrado con una capa más madura de lo esperado de thriller, suspense y peligro criminal que va de menos a más.

Le reconozco a Ester que va algo más allá del reclamo visual, llena la pantalla y sabe sostener el peso de la peli sin resultar insufrible. Cuando la actriz principal se cree el papel, el producto entero sube un escalón... o al menos no se despeña.

Nueva York ayuda. Entra por los ojos, la atmósfera de thriller urbano existe y viste mucho la historia... y también ayuda a disimular las costuras del guion.

La fórmula es la previsible: thriller con romance spicy y tensión sexual no resuelta hasta que se resuelve porque, bueno, no hay otra. Partimos del «no puedo estar contigo, pero tengo que pegarme a ti todo el día» y el resto lo ponen las hormonas.

Todo aliñado con la recurrente dosis de drama familiar con secretos oscuros y alguna trama secundaria que promete más que la principal. Nada nuevo bajo el sol, pero con un ritmo de enganche fácil y escenas pensadas para seguir consumiendo el producto hasta el cliffhanger final.

Y sí, me ha sorprendido para bien, pero tampoco nos flipemos. Es lo que es y no pasa de un 4,5/10 de fórmula: ofrece más de lo esperado si no le pides demasiado. Tiene su público y sube la media dentro de su segmento de mercado. Lo preocupante es que eso ya dice mucho del nivel de la morralla insustancial en las plataformas. El listón está por los suelos.

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