dimecres, 13 de novembre de 2013

Las hostias siguen cayendo...


La educación y el modelo educativo dicen mucho del tipo de sociedad en la que nos toca transitar y, más importante todavía, de las posibles derivas en su evolución posterior. Absolutamente nada en este campo es “neutro”. Siempre existe un trasfondo ideológico en todo modelo educativo que tiene muchas y variadas implicaciones: laico o confesional; público o privado (concertado o no); arraigado a la cultura propia o “ajeno”; excluyente o inclusivo; universal o elitista… Nada es azaroso y todo responde a una intencionalidad. No es lo mismo hablar de formación que de educación, de la misma manera que no es igual que un arquitecto o un abogado sean profesionales eficientes y brillantes que el hecho de que asuman -o comprendan- cosas como el derecho a una vivienda digna, un urbanismo humano o unas leyes justas. Eso entra en el ámbito de la ciudadanía y no lo explican los manuales técnicos. Todo depende, en el ámbito de la educación, de quién ejerce su control social y para qué fines lo hace. No es casual que acabada la Guerra Civil -y a lo largo de ella- se llevara, por parte de los golpistas, toda una campaña de depuración y exterminio -físico y social- de los modelos educativos republicanos (legítimos, democráticos y avanzados) para adecuar el sistema educativo a los intereses y el modelo que los vencedores pretendían imponer. Tampoco es accidental que gran parte de la resistencia democrática a lo largo de la dictadura y, más notoriamente, en su etapa terminal, se llevara desde el ámbito educativo y, tras las “sacas” y las purgas del primer franquismo, el peaje social pasara a la represión (torturas y asesinatos incluidos) de aquellos estudiantes, profesores y demás actores educativos.  
   
En 2013, la educación sigue apareciendo como un campo de batalla donde, desde la viabilidad del presente, se puede condicionar el color de un futuro que, por cierto, será bastante oscuro para nuestras hijas e hijos, si no lo impedimos. ¿Cómo hacer una cosa tan complicada? Lo que no vale para nada es quedarse en casa, lamentarse y, como mucho, despotricar en la tertulia de turno o en el bar de la esquina, para quedarnos descansados y/o descansadas. Que yo sepa, hay caminos para ello: la implicación y la movilización de toda la sociedad (ejercer ciudadanía) y el voto. Todo está inventado y, básicamente, toca hacer lo mismo que hicieron nuestros padres, abuelos y demás generaciones precedentes, en muchos casos sin ni siquiera poder votar y a costa de un precio mucho más alto que el nuestro, como su propia integridad física. Se lo debemos a ellos y a los que vienen detrás.  En 2013, la “nueva” represión, globalizada y moderna, tiene muchos nombres: control del déficit, optimizar el sistema público, simplificar y racionalizar la administración… Dogmas y mantras que tratan de justificar y dar cobertura “moral” a la enorme batería de medidas demoledoras que se están perpetrando contra la mayor parte de la ciudadanía. Como canta Ismael Serrano, las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más. Que se lo pregunten a  los cinco profesores de Guadalajara, que se enfrentan a cuatro años de cárcel, tras una protesta  por la educación pública en 2011[i] . Tras leer la noticia, queda claro que, a día de hoy, todavía persiste un cierto PPoso de la dictadura que tiene su misma alma y aplica, sin rubor alguno, aquello de las depuraciones de los elementos no afectos. Uno se siente indignado y, a la vez, “afortunado” de no vivir en el 36… ¿o sí?

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