Supertrauma
Esta Supergirl no ha crecido con la tarta de manzana de los Kent, sino en un pedazo de roca muy jodido viendo morir a su gente. Nos prometen una versión "dura", una heroína con el alma rota y tantos traumas que harían parecer a Batman un optimista patológico.Pero esto es Hollywood, hay cien millones en juego y nadie gasta ese presupuesto para hacer cine de autor existencialista. Es lo que puedes esperar: un artefacto comercial calculado. La capa de su traje se rehizo reciclando material de la capa original de 1978, el Superman de Christopher Reeve, aunque aquí acaba cualquier parecido.
Han metido en la coctelera el tono sombrío del Snyderverse (pero sin los filtros grises depresivos), mucho de aventura espacial canalla con un punto Mad Max, un toque de rebeldía gamberra y el manual de "mujer fuerte en mundo hostil".
A partir del cómic 'Supergirl: Woman of Tomorrow', reconfigurado aquí como aventura espacial cinematográfica, la Kara Zor-El de Alcock se pone en el centro y se merienda la película, aliñada con flashbacks consistentes, una Ruthye muy química de Eve Ridley, un Krem tipo villano de manual —algo anodino— y unos toques de Jason Momoa desatado en modo antihéroe canalla.
¿El resultado? Una historia que va a enfadar a los de siempre y justificar las métricas de taquilla. Los puristas de la oscuridad se quejarán de que no es lo suficientemente violenta, otros la acusarán de "woke" y no les va a gustar por aquello de ver mujeres empoderadas protagonizar blockbusters, aunque sean Milly Alcock y hagan un buen papel —y la verdad es que más que buen papel directamente lo borda—.
Las entradas se van a vender porque ver a una superheroína con resaca y mala leche es mucho más divertido que ver a Wonder Woman perfecta e inalcanzable.
Es una historia que empieza y termina —cosa que se agradece—, divertida, contradictoria y un pastiche de intenciones. Supergirl no viene a salvar la Tierra ni el cine de superhéroes, es un blockbuster que viene a salvar el trimestre financiero de Warner.
Y sí, funciona como una aventura espacial disfrutable. Creo que su hora y media larga palomitera la tiene... y justifica de sobras la entrada y las palomitas. Si tú no te engañas, la peli tampoco.
Las entradas se van a vender porque ver a una superheroína con resaca y mala leche es mucho más divertido que ver a Wonder Woman perfecta e inalcanzable.
Es una historia que empieza y termina —cosa que se agradece—, divertida, contradictoria y un pastiche de intenciones. Supergirl no viene a salvar la Tierra ni el cine de superhéroes, es un blockbuster que viene a salvar el trimestre financiero de Warner.
Y sí, funciona como una aventura espacial disfrutable. Creo que su hora y media larga palomitera la tiene... y justifica de sobras la entrada y las palomitas. Si tú no te engañas, la peli tampoco.




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