Homer eterno
La predisposición para entrar en este especial doble era optimista, con el mejor de los prejuicios, sintetizado en el título de esta crítica que se resiste a dejar morir a un mito: "Homer eterno". Y no lo he tocado por pura gratitud y respeto a las horas de felicidad que nos ha dado Springfield.
Otra historia es lo que te encuentras aquí: que el milagro se repita, que se reinvente o que haya una versión actualizada de la magia de siempre. Por desgracia no acaba de cuajar y la cruda realidad del streaming nos recuerda que no se puede vivir eternamente de la nostalgia.
Detrás de un envoltorio impecable —con un prólogo visualmente potente a cargo del colectivo Meow Wolf—, de los cameos estelares, la calidad de la animación o la paleta de colores se esconde la misma alarmante falta de ideas nuevas desde la época dorada de Skinner.El detonante prometía una sátira costumbrista e inteligente. Sin embargo, el guion prefiere seguir descafeinando el invento con parodias de manual metidas como aditivos a las rosquillas industriales de Homer.
Una especie de lavado de cara que se siente demasiado como un producto prefabricado, le falta la calidez analógica noventera y la acidez de las temporadas clásicas. Irónicamente, Homer se vuelve más auténtico cuando te lo encuentras de pasada en un episodio suelto de un canal generalista que cuando te lo empaquetan como un evento exclusivo de no sé cuántos GB.
Al final queda la esencia, es duro de pelar y —aunque lo intenten convertir en un cadáver exquisito— Homer es Homer (o Homero según desde dónde lo veas) y se resiste a morir... a pesar de todo.
Al final queda la esencia, es duro de pelar y —aunque lo intenten convertir en un cadáver exquisito— Homer es Homer (o Homero según desde dónde lo veas) y se resiste a morir... a pesar de todo.



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