'MICHAEL… ARE YOU OKAY?'
‘Michael’ —más que un biopic— es una invocación sin güija y un relato que, sin entrar en spoilers, llega hasta donde llega —o hasta donde le han dejado—.
Tiene su punto de justicia poética que el Michael que revolucionó el videoclip con el lenguaje del cine ahora reciba un biopic que dialoga con ese mismo código. Antoine Fuqua ('Training Day', 'The Equalizer'), curtido en la potencia visual de los 90, conoce bien el terreno del videoclip musical y se nota. Mantiene un pulso coherente y ofrece lo que puedes esperar sin arriesgar: puro impacto sensorial.
Fuqua ha rodado una sesión de espiritismo de alto presupuesto donde Jaafar Jackson no actúa: se deja poseer. No sé si es por lo espiritual, lo genético (es hijo de Jermaine Jackson) o ambas cosas, pero queda claro que va más allá del recurrente ejercicio de nostalgia previsible.
La cámara persigue a Michael intentando capturar la contradicción entre el niño roto de Neverland y el fenómeno de masas que electrizaba estadios y reventaba vinilos, cassettes y VHS y, en esa fricción, la película también busca sentido más allá del impacto musical y visual.
También hay mucho “sentido” comercial y de "control de daños": tras un rodaje accidentado, marcado por reescrituras de última hora y conflictos de intereses con los herederos, MJ sale otra vez de la tumba para marcarse un nuevo 'Thriller', ponerse en el centro y pulverizar la taquilla. El resultado es un despliegue brutal de diseño sonoro y montaje que te explica por qué el mundo se detuvo con 'Thriller'.
Hasta aquí, todo bien, pero...
La película es monumental… y también un tremendo chute audiovisual, pero no busques ir mucho más allá de la hagiografía. Se percibe la sombra del “Estate” y queda la oscuridad de las aristas ocultas o editadas con exceso de vaselina. Cuando todo encaja demasiado bien, desconfía: aquí hay pocas grietas, mucho icono, poco conflicto individual y demasiado fanservice supervisado.
Se nota el rastro de una producción accidentada, con reescrituras y material pendiente que parece reservado a morir en el archivo o, en el mejor de los casos, a buscar rentabilidad pura y dura: segunda entrega, montajes del director… o lo que sea que decidan vendernos.
El cierre se siente algo… ¿apresurado? ¿incompleto? ¿abrupto? Pon tú mismo el adjetivo, pero después de la experiencia inmersiva casi se lo perdonas y no es su mayor problema.
A veces se pierde en su ambición por abarcarlo todo y el relato impone límites, pero sensorialmente funciona: casi te hace ver el rayo caer dos veces en el mismo sitio. Cine que te hace vibrar más allá de lo que ves —o de lo que no te enseña— y eso no se le puede negar.
* Lo mejor: La metamorfosis de Jaafar que no es de este mundo… y una puesta en escena que eleva el género del biopic musical. Si eres fan la vas a disfrutar, si no lo eres depende de lo que busques.
* Lo peor: la imagen idealizada del mito, la vaselina, un punto genérico… y el evidente olor a primera entrega con secuela.





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