'Day One': Igual, si te pones las lentillas...


No, no es el gran thriller tecnológico que nos va a replantear la vida, ni tampoco un apocalipsis televisivo. Pero eso sí: televisiva lo es mucho, y a ratos hasta tiene un aire telenovelesco. 'Day One' juega con un título de esos de marca blanca anglosajona, tipo Netflix, con producción nacional y algoritmo marca Barcelona.

La premisa muy revolucionaria no es y nadie verá aquí el colmo de la originalidad: un avance tecnológico con potencial para cambiarlo todo, intereses empresariales moviendo los hilos y un pasado que vuelve para complicar la partida. Nada revolucionario, pero tampoco necesariamente un problema.

La serie se mueve por terrenos muy trillados —patentes, secretos industriales, amenazas globales— y lo hace sin demasiadas ambiciones filosóficas. Cuando intenta ponerse profunda, se queda en la superficie y casi naufraga; cuando se olvida de eso y se limita a funcionar como thriller, curiosamente mejora.

Álex González y Jordi Mollà tienen un punto algo plano. Iván Massagué, Alba Planas, Mireia Oriol sostienen haciendo lo que pueden con un guion que da para lo que da y no se complica la vida: invento peligroso, ambiciones corporativas, sombras del pasado y el recordatorio de que la seguridad digital es más frágil de lo que parece. Todo bastante reconocible y muy previsible.

Es evidente que podría haber ido un poco más lejos. La idea daba para rascar más en los dilemas tecnológicos o en la paranoia digital contemporánea, pero prefiere quedarse en lo superficial y no termina de despegar.

Aun así se ve con la facilidad de una miniserie de seis episodios de menos de cuarenta minutos que no se pierde en discursos eternos. No te va a cambiar la vida, pero tampoco te la roba… y el rato de entretenimiento lo tienes. Con mucho más dinero, recursos y brilli-brilli de CGI y VFX se hacen cosas bastante peores en Hollywood.

Es lo que hay: funcional, porque más o menos funciona si la ves como lo que es y no le pides lo que no tiene.

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