La caza. Irati

 

* «Izena duen guztia, bada» (Todo lo que tiene nombre existe)

La naturaleza se transforma en personaje

La cuarta temporada de 'La caza'  te sumerge a saco en el territorio de un thriller policiaco rural y agreste, una especie de procedimental entre lo mitológico y lo etnográfico. El salto a Movistar Plus+ tras tres entregas en TVE le ha sentado de maravilla: fotografía espectacular, calidad visual muy cuidada, panorámicas trabajadas, sonido brutal… Todo encaja en el escenario elegido, la selva de Irati (Navarra), que se convierte en protagonista activo de la serie, tanto en lo visual como en lo narrativo. La historia se funde con el bosque como hubiera brotado de sus raíces.

La serie se adentra en el imaginario mitológico vasco-navarro, explorando figuras como Mari, la diosa madre, Basajaun, el guardián del bosque, o los Lamiak. Teje con coherencia la conexión entre el ser humano y la naturaleza, mostrando cómo todo lo nombrado cobra existencia y relevancia —«Izena duen guztia, bada»— incluso en un mundo marcado por el trauma y la violencia. Este encuentro entre la fragilidad y la torpeza humanas con la fuerza mística del bosque no solo refuerza el suspense del thriller, sino que envuelve la narrativa en un aura oscura y simbólica impactante. 

Montaner cambia la pistola por la mente y el reparto cumple

El traslado a Movistar Plus+ está ahí y será decisivo para el futuro de la serie; habrá que ver si la jugada abre la puerta a una quinta temporada. Por ahora, la apuesta funciona: la integración con los escenarios de las entregas anteriores —Monte Perdido (Pirineos), la Tramontana (Islas Baleares) y el Guadiana (Huelva)— fluye con naturalidad, y el salto de calidad es evidente.

Megan Montaner ha cambiado la placa y el arma reglamentaria de su Sara Campos por la psicología policial y su propio mundo interior. Su interpretación es intensa y matizada: introspectiva, intuitiva, sensible. Félix Gómez está tremendo dibujando a un Ernesto Selva quemado y rudo, de vuelta de todo y, aun así, capaz de desatarse, pero el reparto va mucho más allá: Silvia Alonso, Roger Casamajor, Eloy Azorín, Carla Campra… todos sólidos, aportan y sostienen la trama.

La UCO contra los fantasmas del bosque

La serie juega con lo que se ve y lo que no: hay presencias que apenas se muestran, expresiones que se escuchan pero no se ven, y ese silencio visual se amplifica en gestos, planos, sombras… Esa estrategia no solo aumenta la tensión, sino que transforma el entorno en un personaje más, imprevisible y cargado de misterio, recordando que en 'La caza: Irati' el peligro no siempre está frente a los ojos.

El reparto sabe lo que hace y hace lo que debe. La dirección, lo mismo... y todo se apoya en un guion que engancha: una ola de crímenes, un posible asesino en serie escondido en la profundidad de un entorno natural imponente, viejas leyendas, mitología… y un equipo de la UCO enfrentado a sus propios fantasmas y a una comunidad cerrada y opaca. Es thriller de toda la vida, pero en un entorno singular (otro más). Y sigue funcionando.

Maratón o sorbos

Son ocho capítulos (de unos 45 minutos, sin contar intro, resúmenes y créditos) muy maratoneables, pero que también se disfrutan a sorbos. Atmósfera agreste y opresiva, fondo mitológico, flashbacks bien encajados, potencia visual, thriller psicológico y activación emocional trabajada. Si a eso se suma un guion coherente, la apuesta es segura.

Tal vez no sea una serie antológica de las que quedan como referencia; quizá en algunos aspectos no alcance el nivel de otras grandes producciones de la plataforma —sí, pienso en 'Hierro'  o 'Rapa' —, aunque está claro que bebe de esas fuentes… y también de sus entregas anteriores. Sin embargo, es un producto con identidad propia que vas a recordar, aporta algo distinto y, desde ahí, se reivindica.





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