Cuando Bruce era "solo" Bruce

 


* I come from down in the valley

El Springsteen que emergió después de “Born in the U.S.A.” no está aquí, pero se está gestando. Lo que vemos es al Bruce de “Nebraska”: humano, atormentado, de carne, hueso y sudor. El que viene de la clase trabajadora, que puedes oler y sentir; un track vital de un músico que carga con sus demonios del pasado, pero aún no se ha convertido en mito.

'Deliver Me From Nowhere' tiene sus limitaciones. No es perfecta, pero es honesta en un terreno difícil. Podría haberse limitado a la postal nostálgica, al fanservice… pero toma un camino más sombrío y se ensucia las manos al intentar retratar a un Bruce roto, denso, en proceso. Que no llegue a todas partes no significa que no lo intente; y en esa tentativa hay más valor que en muchos retratos “redondos” y complacientes.

Visualmente es potente: carreteras, Asbury Park, espacios íntimos y grabaciones tozudas en estudio. Rock, folk y flashbacks que expulsan la narrativa fuera del biopic típico. No esperes un fanservice colorido porque no lo vas a encontrar, ni una simple exaltación musical. La música fluye, no se impone: ya está ahí, y se reivindica sola. 


La película aborda también —o sobre todo— una caída psicológica: un pozo emocional donde el trauma se muestra con rostro, con vulnerabilidad…  Scott Cooper dibuja una especie geografía del alma, austera y minimalista. Aquí, la coherencia estética es una declaración: el camino de la redención pasa por la crudeza del sonido lo-fi: una grabadora de cuatro pistas como única fidelidad posible a la verdad emocional que el estudio profesional —el mainstream pulcro— se empeña en pulir y, por tanto, en traicionar. 

Sobresale la dupla Springsteen–Landau, con Jeremy Strong como representante atípico y contrapunto emocional. No busca beneficios económicos, busca sostener, acompañar desde la empatía y la solidaridad. La química con Jeremy Allen White funciona con naturalidad, aportando profundidad y matices.

Jeremy Allen White no embalsama al Boss ni lo mimetiza. Se pone en el centro, lo re-interpreta desde su propia visión con un punto hiperbólico que funciona… y acierta. Pero va más allá: enlaza la grandeza del  Boss desde el único sitio posible. Saber de dónde vienes para no olvidar quién eres.

No es un biopic integral. Ese todavía está por escribir. Entre otras cosas, no puede serlo porque aún nos queda Boss para rato, y es demasiado pronto para abrir ese melón. Lo que sí hace esta película es detenerse en un momento de inflexión, cuando Bruce era “solo” Bruce... Y al final, queda la pregunta que nunca dejó de hacerse: “Is a dream a lie if it don't come true, or is it something worse?”

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