POR UN PISO MATO
Ha llovido desde «Smoking Club (129 normas)», la “fumada” ópera prima de Alberto Utrera en 2017. Después llegó «Desmontando a Lucía» (2024), apuntando cosas interesantes en un thriller con tintes de comedia negra protagonizado por Susana Abaitua junto a Hugo Silva. Al año siguiente, con «Uno Equis Dos» (2025) volvió a dejar la quiniela a medias. Ahora vuelve a tirar de Susana Abaitua, se trae a Maxi Iglesias y se planta como director y guionista con «Nuda Propiedad».
La premisa es el pan nuestro de cada día: vivienda, especulación, precariedad y olvidarse de los códigos morales cuando aparece un piso de por medio. Porque una cosa es la necesidad social y otra el negocio. Ahí la película encuentra su mejor filón. El inmueble se convierte en campo de batalla y la dirección lo aprovecha bastante bien para montar el enredo, generar tensión y sacar situaciones disparatadas.
Susana Abaitua y Maxi Iglesias en modo pareja desquiciada funcionan y se lo pasan bien —y si ellos disfrutan, tú también—. La obsesión de sus personajes es una bola descarriada y la química entre ambos ayuda, especialmente cuando la película se deja llevar por el disparate. David Lorente hace de David Lorente y mete una retranca brutal a su intermediario inmobiliario disparando el humor ácido que toca en las escenas que consigue robar… y entre el resto de secundarios gente como Aten Soria o Pepe Viyuela también ayudan y sostienen el invento. Hasta ahí todo bien.
El problema es que «Nuda Propiedad» tiene una bala en la recámara que decide no disparar.
Porque podría/debía haber sido bastante más ácida, cruel e incómoda. La crisis de la vivienda y la especulación inmobiliaria merecen una comedia negra con bastante más mala leche. De esas de descojonarse y, medio segundo después, indignarse. Pero la película frena demasiado cuando debería acelerar y llevarse todo por delante.
Comedia negra, enredo, suspense y romance se ayudan entre sí unas veces y se estorban otras. Hay momentos en los que todo fluye y otros en los que la película parece que se esconde para no pasarse de rosca y ser “correcta” precisamente cuando pide ser más canalla.
No parece que vaya a ser la gran referencia de una nueva comedia negra género inmobiliario “Made in Spain” —aunque el drama de la vivienda daría para eso y para más—, pero al menos te dejará la sensación de haber pasado un buen rato con una comedia comercial retrancosa y palomitera que ofrece diversión, evasión, algo de sátira social… y humor negro inteligente (que sí, si lo buscas lo encuentras) aunque te quedes con la sensación de oportunidad perdida.





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