EL SÍNDROME DE LA ALETA DECEPCIONADA


Hay un fenómeno recurrente en FilmAffinity y plataformas similares que podríamos bautizar como el título que encabeza esta crítica. Básicamente, se resume en algo parecido a esto: le damos al play a 'La boca del diablo', dirigida por el mismo tipo de 'Kick-Ass 2: Con un par' —mira que el título se integra bien en esto que estoy escribiendo—. 

Pones a un puñado de jóvenes con pocas luces en una cueva inundada de Tailandia, metes un tiburón con mala baba y mucha hambre y ya te puedes imaginar el resultado...

Y luego, al acabar, nos indignamos y en FilmAffinity o IMDb le cascamos un 2/10 —o algo parecido— y escribimos un ensayo de cuatro párrafos sobre cómo el guion «carece de la profundidad narrativa y el montaje analógico de Steven Spielberg en 1975».

Tampoco es 'Infierno azul' (The Shallows, 2016), ni 'Open Water' (2003), ni 'Deep Blue Sea' (1999), claro...

A ver, almas de cántaro, bajemos a la tierra un segundo.

Pedir a 'La boca del diablo' que se referencie —o se acerque ni de lejos— a la altura de 'Tiburón' o algo similar no es juzgar la película: es directamente un expediente de incapacidad para entender los códigos del cine de género comercial. Es ir a una franquicia de comida rápida a medianoche, pedir la hamburguesa de oferta y ponerle una estrella en Google Maps al local porque la carne no era buey de Kobe ni el queso era un Gruyère curado de cueva alpina. Vas a salir decepcionado el 101 % de las veces, pero no porque el producto te haya engañado, sino por la vara de medir que le has metido.

'Tiburón' de 1975 fue un milagro cinematográfico. Una alineación de astros donde el animatrónico se rompió, John Williams compuso dos notas inmortales y tres actores majestuosos convirtieron un guion de serie B en la Capilla Sixtina del blockbuster. Eso pasa una vez cada cincuenta años. Mejor dejar de esperar que vuelva a pasar mientras nos comemos unas palomitas en el sofá un martes random.

'La boca del diablo' ha venido a lo que ha venido: noventa minutos de gente joven atrapada en la oscuridad, un tiburón toro con máster en apariciones efectistas, decisiones grupales que harían parecer a un lemming un estratega militar y Kathryn Newton aguantando el tipo como puede mientras el agua le llega al cuello.

¿Es una obra maestra? Ni de lejos. ¿Es un aprobado raspado, muy apañado para pasar la tarde sin utilizar más del 10 % de tu capacidad intelectual? Obvio.

Ponerle un 2 o un 3 a una cinta así por no ser de calidad es confundir el estándar con la pretensión. Si la película promete claustrofobia, sustos de manual y un depredador hambriento, y te da exactamente eso sin engañarte en el tráiler, la película cumple su función.

Un poco de respeto para la serie B de catálogo. Que a veces no queremos caviar ni metrajes de tres horas sobre la condición humana; a veces solo queremos ver a un tiburón enfadado arruinarles las vacaciones a un grupo de incautos en un agujero oscuro. Y, en su propia liga de carne picada y tensión de garrafón, el aprobado no se lo quita nadie.

Valoración: 5,5/10 (Puntos extra si la ves con el aire acondicionado puesto y la mente en modo evasión)

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