'YU GONPLEI STE ODON'
Los primeros seis o siete episodios huelen a género young adult básico: adolescentes guapísimos y guapísimas, triángulos amorosos de manual y aroma a hormonas desbocadas... No esperaba mucho mas.
Los episodios se devoraban rápido, todo básico y maratoneable. Me preguntaba: "Vale... ¿pero es imposible que esto dé para siete temporadas y 100 episodios? por mucho que se llame 'los 100'... entonces, la serie decidió pegarme un bofetón narrativo que respondió la pregunta y me ha llevado a ponerme a escribir la crítica.
De repente, la purpurina adolescente se disuelve en ácido radiactivo. Lo que parecía un remake descafeinado de El Señor de las Moscas muta en algo parecido a un drama político y existencial con reflexiones éticas, adrenalina y violencia bien dosificadas.
La serie tarda poco en cambiar las hormonas por supervivencia pura y dura. A pesar de las lagunas y las flipadas narrativas, la ciencia ficción es un bisturí que disecciona dilemas morales brutales. ¿Es correcto sacrificar a 300 personas para que respiren otras 2000? ¿Dónde acaba la justicia y empieza el genocidio?
Lexa: El "Efecto Klingon" y el magnetismo del poder
Si hay un punto de inflexión, ese tiene nombre propio: Lexa. Olvidad la jerarquía juvenil; aquí entramos en territorio de Realpolitik. Lexa es una líder que parece haber leído a Maquiavelo en una academia de guerreros Klingon. Sensual y dura como el acero o el diamante y flexible como el junco, con una inteligencia política que ríete tú de los Siete Reinos.
El paralelismo con Juego de Tronos no es un capricho; es —salvando las distancias— casi coherente. Tenemos clanes, coaliciones frágiles, traiciones por el territorio y esa sensación constante de que nadie tiene el contrato renovado: aquí, si un personaje camina por la cuerda floja, se cae, se mata y punto. No hay red de seguridad.
El nuevo frente: IA vs. Espadas
A mitad de la tercera temporada, la serie se vuelve ambiciosa. Me tiene fascinado el choque entre la cultura tribal (esa mística de la sangre tan 'Klingon') y la amenaza de una Inteligencia Artificial que ofrece un paraíso digital sin dolor. Sí, la serie es de 2014 y estoy escribiendo esto doce años después.
Es el debate eterno: ¿Queremos una paz de esclavos sin recuerdos o una libertad dolorosa donde la sangre pide sangre? La Ciudad de la Luz es un concepto aterrador que eleva la serie de "aventura espacial" a "ensayo filosófico".
Me he enamorado de la capacidad de liderazgo de los personajes; especialmente de Lexa y su presencia magnética, de la potencia de Octavia... y de cómo Murphy ha pasado de ser un paria a ser el único con el cinismo necesario para sobrevivir a este caos.
'The 100' es esa serie que te entra por el ojo como un placer culpable del que esperas poco y se queda en tu cabeza como una distopía potente después de un cierre catártico.
“Yu gonplei ste odon”... o quizá no.






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