Novela rosa con sombreros y caballos


Prometo solemnemente que veré Yellowstone. Lo juro por la hebilla del cinturón de Kevin Costner. 

Pero mientras tanto, me atrevo con Nueva vida en Ransom Canyon, que no sé si pretende llenar su hueco, seguir su estela o simplemente rellenar parrilla sin hacer mucho ruido... ni mucho daño (aunque daño hace, ojo). La culpa es mía por hacerlo todo al revés. 

Lo cierto es que la industria está para echarse a llorar. Cancelan series como Territorial (que sin ser una obra maestra era más que decente, y al menos entretenía) y nos plantan esto: una telenovela rosa vestida de western, con más sombreros que sentido, más vaqueras que tramas, y más caballos que diálogos decentes.

¿Que si tiene cosas buenas? Pues sí: los paisajes son bonitos, la gente es guapa (mucho, eso sí lo tiene) y las botas brillan. Pero eso también lo tenía Sensación de vivir y nadie la llamaba "western contemporáneo". Eso sí, hay un evidente esfuerzo en vestuario, peluquería y maquillaje (ironía). 

El guión, si es que lo hay, cabe en una servilleta. Todo huele a cartón piedra emocional, videoclip country y novela rosa poco exigente con sombreros, vacas y caballos. Puedes pasar el rato y poco más... Si eso lo tienes claro, adelante. Si no, huye galopando y busca otra pradera.

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