dissabte, 16 de març de 2013

17 de marzo de 1938


17 de marzo de 1938. Apenas dos minutos para las dos de la tarde. Cinco aviones italianos Savoia S-79 golpean impunemente a la población civil de Barcelona. No dejan de caer bombas en el centro de la ciudad. Una de ellas toca la Gran Vía y levanta una enorme columna de polvo. Ha destrozado un tranvía y ha matado mujeres y niños. Se desvanecen en unos instantes centenares de vidas. Es sólo una parte. Entre el 16 y el 18 de marzo, en la capital de Catalunya, no cesan de caer las bombas y la metralla en todos los barrios. El drama es absoluto y global. Durante tres días de infierno, la población civil perece en toda la ciudad (casi un millar de personas) de una forma inesperada e impune: mujeres, hombres, niños, criaturas, ancianos… Nadie está a salvo. Mueren llorando, riendo, amándose, durmiendo, mientras hacen cola, trabajan, pasean, viajan en autobús, sueñan... Hoy, hace setenta y cinco años que, en Barcelona, se inició un tipo de terror que se desarrollará ampliamente a lo largo de la II Guerra Mundial y que tiene continuidad hasta nuestros días, muchas veces presentado de forma grotesca y masiva. Basura disfrazada de información o de espectáculo televisivo y mediático: Kosovo, Bagdad, Libia… Comercio y banalización del dolor. Normalización de la muerte, dulcificada -y justificada- con la ideología de la nueva realpolitik globalizada. Me sigo haciendo la misma pregunta que se hizo el maestro Peter Seeger en 1961: Oh, When will you ever learn? y lo peor de todo es no encontrar respuesta alguna.

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