De la guerra fría a quemarlo todo... La OTAN se monta su buddy movie


Idris Elba y John Cena se lo pasan en grande… y nosotros también. 

Tras el tráiler, me esperaba un disparate disfrutón… y justo eso fue. Le casqué una crítica positiva que, más o menos, viene a ser lo que está aquí escrito. Después de verla otra vez, el segundo plato no me ha repetido y la he disfrutado casi igual —lo que ya dice mucho a favor de la película—. Total, que sí, he editado mínimamente la crítica y le he subido la nota de 6 a 7... porque cuando algo se hace bien, hay que reconocerlo.

Nos gusta lo que propone: una buddy movie enloquecida, desacomplejada, bien hecha y con regusto clásico. ‘Jefes de estado’ recuerda aquel chiste de los líderes de EE.UU. y Reino Unido en un avión a punto de estrellarse: el británico pregunta “¿Qué hacemos?”, y el estadounidense responde “Tranquilo, declaramos la turbulencia como estado enemigo… ¡y la bombardeamos!”. La película hace algo parecido; geopolítica en modo parodia… y acierta.

Desde el minuto uno arranca con un punto acelerado que no se va a detener y cumple lo que promete con una narrativa hiperactiva, desquiciada, hiperbólica… y también previsible: sabes lo que vas a encontrar, y lo disfrutas. Acción a saco, humor y política-ficción tan disparatada como efectiva. Las escenas de acción están bien montadas, el diseño de producción encaja, la música también... De sobra para engancharte sin complicarte la vida.

La OTAN se convierte en una action comedy de colegas completamente desatados, con el primer ministro británico Sam Clarke (Idris Elba), de formación militar y perfil de estadista metódico, y el presidente yankee Will Derringer (John Cena) en modo parodia de Reagan y Schwarzenegger... y la química cómica (sin querer, me salió una paronomasia) entre los dos fluye y sostiene la película. Una buddy movie de manual con su toque noventero pero con contexto actual... y funciona.

Priyanka Chopra (Citadel) ayuda y suma carisma... y Jack Quaid (The Boys) está tremendo en la breve parte que le toca y nos regala uno de los momentazos de la película. Los demás secundarios están ahí, lo suficiente para cumplir con su papel y poco más. La trama es un disparate perfecto que sirve como excusa para ver a Elba y Cena corriendo descarrilados y repartiendo estopa a los malos con traje, corbata y fusil en mano (lo que en sí mismo ya es un incentivo). 

Entre los gags que se suceden, tiroteos, golpes, persecuciones espectaculares y chascarrillos, uno no puede evitar esbozar una sonrisa culpable. Es como cuando te comes una hamburguesa básica en un restaurante de comida rápida: sabes lo que hay, pero la disfrutas igual. Tiene ese encanto funcional que te engancha y te empuja a pensar: “Venga, una más…” hasta que, sin darte cuenta, te has zampado la peli como las palomitas o las patatas fritas.

La película se centra en la acción y la diversión, se ríe de ella misma sin complejos. La política es una excusa sarcástica, no un fin en sí mismo... y está bien que sea así: una buddy movie palomitera que conecta y, en cualquier caso, su resultado queda muy por encima de la media de las pelis clónicas de acción producidas a golpe de algoritmo, y también de algunas otras producciones más infladas de postureo cinéfilo. Es honesta, da lo prometido, y eso a estas alturas ya es mucho.

Lástima no poder disfrutarla en la pantalla del cine, aunque eso ya no es culpa de la película. Pues compro… y no hay más preguntas, señoría… y ya que estamos, me como otra palomita, aunque sea de microondas.

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