Repetir sin gripar
¿Hasta dónde llegará la cola? Esa es la pregunta. Reconozco que dudé si ponerme a escribir esta crítica; a fin de cuentas, el peligro de quedarse atrapado en el mismo bucle que los protagonistas y terminar repitiendo los mismos argumentos que en las entregas anteriores es real. Pero el viaje, de momento, sigue mereciendo la pena... o sea que lo voy a intentar. A estas alturas nadie se asoma a una cuarta temporada esperando una reinvención del concepto o un volantazo. Se busca justo lo contrario: la complicidad de la familiaridad, el confort de lo conocido y esos veinticinco minutos de desconexión y diversión ligera. Es lo que hay. Rodrigo Sopeña repite la fórmula, conoce el motor de su comedia y sabe que, de momento, no hay riesgo de gripar. Obviamente, el efecto sorpresa de las primeras entregas se ha disipado del todo, pero la serie ni lo pretende ni lo necesita. Siguen siendo seis episodios breves, bien ejecutados y medidos al milímetro, donde el peso vuelve a recaer en la quím...








